Embestida contra las certezas

Publicado: junio 20, 2013 en Uncategorized
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LA INVENCIÓN DE MOREL
Autor: Adolfo Bioy Casares
Editorial: Emecé
Año de publicación: 1991
Páginas: 150

Es casi a mediados del siglo XX, en plena Posmodernidad, cuando Bioy Casares nos acerca este relato presentado en forma de diario íntimo donde nada parece ser lo que es. El protagonista, un escritor venezolano fugitivo, describe con fluida precisión todas sus vivencias en una isla perdida en la que desembarcó luego de escapar de un opresivo gobierno militar. A través de sus acciones y reflexiones, revive todas sus experiencias en la pieza autobiográfica, en un intento de comprender su entorno y comprenderse a sí mismo.

La invención de Morel no puede adaptarse a la categoría de un solo género literario, sino que es un  híbrido de otros que lo atraviesan (algunos tangencialmente, otros de manera más trascendental). Como en El perjurio de la nieve, del mismo autor, el género policial inscribe una fuerte presencia en cuanto hay un misterio por resolver que está a cargo del protagonista. El fugitivo, quien adopta el rol de detective, pretende encontrar explicaciones a las situaciones inusuales que lo rodean, valiéndose de sus metódicas observaciones. Pero no es él quien resolverá el misterio, sino que será resuelto por los mismos actores que lo instalaron.

Es también una historia de aventuras, donde el protagonista nos transmite sus miedos, nos pone a su altura a la hora de tomar decisiones y nos invita a acompañarlo en sus vacilantes acciones. El escenario que presenta la obra nos rememora al mismo Robinson Crusoe y sus intrépidas aventuras de supervivencia como náufrago. Un espacio hostil para el hombre, donde la naturaleza hiere y amenaza constantemente. Un lugar desconocido, a cuyas reglas hay que adaptarse para subsistir. Un ambiente que encierra un conjunto de fenómenos inexplicables, de coincidencias absurdas y de presencias etéreas, casi fantasmagóricas.

La flecha que atraviesa el relato en todas sus capas de sentido es la dualidad entre la realidad y la ficción, que acerca la obra a un género de realismo mágico y la roza sutilmente con el de ciencia ficción. Esta oposición, que pareciera inconciliable, no hace sino desdibujar sus límites en todo momento y con diversos matices. A medida que pasa el tiempo en la isla, el protagonista comienza a trastornarse y a obrar erráticamente, producto de la soledad invulnerable que lo atormenta. El temor a ser perseguido y atrapado por aquellos de quienes escapó va construyendo una paranoia enferma que tiñe sus voluntades. Su mentalidad racional y calculadora se ve estorbada por sucesos extraños, ajenos a su comprensión, que no hacen sino desafiar sus pensamientos lógicos y llevarlos a un extremo rayano a la locura.

Como en La noche boca arriba, de Cortázar, donde el protagonista alterna su existencia entre una vida de vigilia, donde sufre un accidente vial, y una vida de sueño, en la que habita en la selva, en esta novela también el fugitivo sufre una crisis por la angustiosa incertidumbre que le causa ver su mundo interrumpido por hechos sobrenaturales. Aquello que le es inexplicable toma por esta característica la denominación de ficción y lo incomoda en su mundo ordenado porque no puede definirlo. El personaje refleja la impotencia que tiene el hombre frente a sus limitaciones: quiere comprender todo lo que lo rodea y no acepta que no puede abarcar la totalidad. Un hombre que desea darle una disposición a su naturaleza desordenada, tener todo bajo control, categorizarlo en las rígidas estructuras de su mente racional. Cuando la vida de este prófugo comienza a ser turbada por hechos que no puede comprender, recurre desesperadamente a explicaciones absurdas, en un intento agónico de restablecer el orden natural de sus pensamientos.

El perturbado personaje es reacio a dejarse llevar por las mareas que entremezclan realidad y ficción. Estas incurren en distintos formatos: como sueños verosímiles, como alteraciones temporales en forma de ciclos recurrentes (se alude al concepto del eterno retorno de Nietzsche), como las mismas confusas percepciones del protagonista sobre los seres que lo rodean, como una yuxtaposición de mundos incompatibles.  A lo largo de las distintas apariciones sobrenaturales, esta dicotomía va diluyéndose de a poco y perdiendo importancia, va dejando de tener sentido para él, quien se va dando por vencido para vivir en esta nueva ficción que es tan real como la misma realidad. Es el amor el motor fundamental que lo lleva a entregarse por completo a este escenario heterogéneo, más allá de la vida y de la muerte. Como él mismo dice, “No estoy más muerto, estoy enamorado”. Este sentimiento trasciende toda calificación de lo lógico-ilógico, lo comprensible-incomprensible y lleva al personaje (y al lector) a creer en una realidad donde todo es posible.

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Llega en la vida de toda persona uno de los momentos más cruciales: cuando dejamos de ser estudiantes y comenzamos a buscar trabajo. Después de haber dedicado alrededor de veinte años de nuestras cortas vidas a absorber todo tipo de conocimientos, es hora de lanzarse al inabarcable mar de lo laboral. Actualmente, los trabajos están a la vez más cerca y más lejos. Cada mes surge un nuevo empleo con un rótulo extravagante pero la oferta de trabajo con candidatos capacitados también se multiplica. Los procedimientos de empleo tradicionales podrían quedar desactualizados frente al enorme poder que están cobrando las redes sociales en todos los ámbitos de esta nueva realidad.

Recuerdo que desde la secundaria hasta la universidad los profesores se empeñaron en transmitirnos todo un abanico de contenidos diversos, pero que se nos presentó como un rompecabezas cuyas fichas no encajaban perfectamente unas con otras. Sumado a los miedos, confusiones e incertidumbres de la vida adolescente, esta mezcla heterogénea no colaboró demasiado en disipar las neblinas de nuestras mentes bipolares. Poco a poco, también nos fueron advirtiendo acerca del mundo laboral, uno distinto que nos aguardaba con nuevas reglas de juego. Se esforzaron a lo largo de los años por mostrarnos cómo es la cancha donde nos tocaría desempeñarnos. Nos dieron una raqueta y una pelota y nos explicaron los reglamentos básicos, estrictos, que habían aprendido de sus propias experiencias. Ahora se suponía que estábamos listos para jugar.

En unos minutos tenía que tragarme los nervios, mostrar lo mejor de mí (y lo que creía que ellos valoraban más) y disfrazar las falencias más vergonzosas de mi ser. Fuente: Free Stock Photos

En unos minutos tenía que tragarme los nervios, mostrar lo mejor de mí (y lo que creía que ellos valoraban más) y disfrazar las falencias más vergonzosas de mi ser.
Fuente: Free Stock Photos

La semana pasada tuve la suerte de que me llamaran de uno de los tantos lugares a los que había mandado indiscriminadamente mi currículum vitae. No me acordaba de haberlo enviado a la empresa multinacional que me citó, pero me alegré por el hecho de que me fueran a entrevistar para una pasantía en el área de comunicación. Era hora de salir a la cancha, sin haber jugado ningún partido, a intentar convencer de que era la indicada para practicar ese deporte, incluso frente a otros que ya estaban en el mercado. Antes de ir, me aseguré, como me recomendaron en la facultad, de googlear a la organización y de empaparme de ella lo más que podía. Hecha un manojo de inseguridades y miedos, me presenté en la planta central en el partido de San Martín con un prolijo currículum impreso (otra de las recomendaciones) y un pantalón y camisa sobrios. Esperaba enfrentarme a una de las situaciones más vertiginosas de la vida: en unos minutos tenía que tragarme los nervios, mostrar lo mejor de mí (y lo que creía que ellos valoraban más) y disfrazar las falencias más vergonzosas de mi ser. Sería un momento en el que haría equilibro en una cuerda floja: por un lado tratando de ser yo y por otro tratando de ser alguien un poco mejor. Todo esto bajo el escrutinio feroz del entrevistador.

No había podido mostrar ni la más mínima parte de mí, como tampoco el resto de los candidatos. Fuente: entrevistaperfecta.com

No había podido mostrar ni la más mínima parte de mí, pero tampoco el resto de los candidatos.
Fuente: entrevistaperfecta.com

Llegando al lobby principal, vi a otros que también esperaban. Temí lo peor: entrevista grupal. Y así fue. La primera instancia era la picadora de carne: había que competir con otros (que parecían de por sí mejor vestidos y más inteligentes) cara a cara, mano a mano. Nos vinieron a buscar al rato y nos llevaron a un salón decorado con los colores de la marca. Nos sentaron en una enorme mesa redonda. Éramos unos diez y se presentaron ante nosotros el jefe de recursos humanos y los dos encargados del área de comunicación. Después de esto, nos dieron unas láminas en blanco para que hiciéramos una presentación personal sobre nuestro pasado, presente y futuro. No fue complicado, pero sí la primera disyuntiva sobre qué incluir, qué dejar afuera y cuánto agregar de imaginación (o invención). Luego de las intermitentes interrupciones del jurado para hacer preguntas incómodas, el ejercicio de precalentamiento dio paso a la prueba determinante: los casos para analizar. En aquella ronda tuvimos que discutir entre todos acerca de dos problemas reales de la empresa durante media hora frente a los ojos de los examinadores. Eran casos bastante alejados de los estudiados en la universidad, por lo que recurrí al simple sentido común en el afán de meter  bocadillos interesantes cuando pudiera. Cuanto más tiempo permanecía callada, más sentía que me hundía en ese naufragio de candidatos. Luego de unos cuantos manotazos de ahogado por parte de todos, el análisis concluyó y los jueces no parecían muy contentos con los resultados. La entrevista había terminado y huí rápidamente, pero con un sabor amargo. Sentí que tenía mucho para dar y en ese ámbito no había podido mostrar ni la más mínima parte de mí. Tampoco pude conocer mucho acerca de los otros postulantes y creo que ninguno sobresalió con aportes brillantes en esa reunión.

Como era de esperarse, me llamaron a la semana siguiente para avisarme que no había pasado a la segunda ronda. Me tragué la indignación y no respondí. No había podido probar que era lo suficientemente buena para jugar ese deporte, pero no me habían siquiera dejado intentarlo con las técnicas que había aprendido. El abismo entre la universidad y el mundo laboral había sido demasiado grande para mí y no había logrado cruzar. Tendré que buscar otros métodos (u otros puentes) para llegar al otro lado, como cantar mi currículum en el subte o imitar alguna idea insólita pero efectiva, como Alec Brownstein, que buscó trabajo mediante la herramienta de Google Adwords. Creo que también sería interesante que los empleadores comenzaran a apelar a estrategias más adecuadas que les permitan conocer mejor a sus candidatos y detectar esas competencias específicas que están buscando, como el método (exagerado) que utilizó Heineken.

Enzo Vizcaíno canta su CV en el subte

Alec Brownstein encuentra empleo en Young & Rubicam gracias a una ingeniosa idea de ofertarse por Google Adwords

Heineken recurre a un nuevo método de entrevistas para conocer las reacciones de sus candidatos

Los que eligen la bicicleta como medio de transporte en la Ciudad de Buenos Aires se multiplicaron en un 500% en estos últimos dos años.

El primer domingo de este mes, no menos de  3.000 bicicletas en bandada recorrieron los barrios de la Ciudad. En un circuito que comenzó y terminó en el Obelisco, ocuparon brevemente algunas calles en Puerto Madero, Monserrat, Boedo, Flores, Caballito, Almagro, Belgrano y Palermo. “Nunca habíamos sido tantos”, comenta Matías Acquarone, un participante de este evento llamado Masa Crítica, que se hace todos los primeros domingos del mes y las noches de luna llena.

Adolfo Pomo no faltó a ninguna de las “Masas” que se realizan en Buenos Aires desde hace tres años. “Importamos la idea de California, donde se hizo por primera vez”, explica Pomo, “No hay un fin, somos solo unos cuantos locos que se juntan a andar en bici y toman el control de las calles por un rato”. Opina que algunos lo ven como una forma de protesta contra el tránsito cotidiano, otros como una afirmación de los derechos de los ciclistas. De una forma u otra, este es uno de los signos que revelan que esta forma de desplazarse se está volviendo más popular y masiva.

Según un estudio realizado por la Subsecretaría de Transporte del GBCA, hubo un aumento de 30.000 viajes diarios en bicicleta en 2009 a 150.000 en 2012. Esto corresponde a que, en 2009, el 0,4% de los porteños elegía éste como medio de transporte, y hoy lo adopta el 2%. Sonia Fakiel, quien trabaja en la Subsecretaría, aclara que el aumento se debe a los vastos beneficios tanto en el nivel de lo ecológico, ya que produce cero emisiones de dióxido de carbono, como respecto a lo económico, con precios bajos de mantenimiento y repuestos, comparados con cualquier otro vehículo a motor.

Fakiel agrega que, en cuanto al tránsito de la Ciudad, varios estudios sostienen que se llega más rápido en bicicleta que en auto o colectivo porque se evitan los cortes y las congestiones. Y por último, insiste en que este medio es saludable y que varios vecinos aprovechan la ida y vuelta al trabajo para realizar ejercicio físico. Según la funcionaria, la mayoría lo elige para ir a trabajar y estudiar, y en menor medida, para realizar deporte y como recreación. “A medida que más gente se sume al uso  de la bici, el impacto en el tránsito será más visible. Por eso seguimos fomentando su uso en pos de alivianar el tráfico”, expresa.

Por otro lado, Fakiel considera que en Capital aún no hay una “cultura ciclista”. Los peatones y conductores no están acostumbrados a las bicisendas y muchas veces no las respetan, todavía no hay un reglamento de tránsito para bicicletas conocido y aplicado y, por último, muchos vecinos no piensan en este vehículo como una alternativa.

“Creemos que la Red de Ciclovías Protegidas fue un factor para que más gente se anime a pedalear”, discute Fakiel. Desde el 2010, el Gobierno de la Ciudad promueve el programa Mejor en Bici, en el que se duplicó el número de bicisendas preexistentes, hasta llegar a los 90 km. En su mayoría, están sobre la calzada, y, en menor medida, sobre las veredas. Pero no todas las ciclovías están conectadas, lo que puede complicar el viaje del ciclista.

El Sistema Público en Bici es otra de las medidas impulsadas, que permite a cualquiera que esté registrado retirar una bicicleta gratis de una de las 22 estaciones distribuidas por la ciudad, usarla por un máximo de una hora y devolverla en otro punto. “Funciona bastante bien, pero hay momentos del día en que no hay bicis”, cuestiona Hernán González, quien trabaja en la estación de Parque Las Heras.

Este proyecto de transporte público está también instalado en otras ciudades importantes del mundo. En Barcelona, se llama Bicing. Hay casi 100 estaciones automatizadas para retirar las bicis luego de sacar un abono anual de 43 euros. En París, el nombre del sistema es Vélib y cuesta 29 euros por año. A diferencia de Buenos Aires, en ambas ciudades el sistema está abierto las 24 horas todos los días. Otra ciudad europea que apuesta a este medio de transporte es Amsterdam. Aunque no tiene ciclovías, el número de bicicletas es equivalente al de habitantes y es muy popular entre los turistas.

Perfil

Adolfo Pomo tiene 34 años y nació en Olivos, Buenos Aires. Estudió abogacía, aunque le quedó una materia para terminar, cuando decidió cambiarse a un área lejos de lo legal. Desde marzo de 2012, y después de 12 años de estudios, es piloto de Aerolíneas Argentinas. Su profesión no le demanda que trabaje diariamente, por lo que en sus tiempos libres se dedica a lo que más le gusta hacer: patinar y andar en bicicleta. Es un aficionado de los rollers, los que usa como transporte y recreación. Los fines de semana suele hacer el viaje Tigre-Puerto Madero y luego volver a su casa en Olivos. Participa de Masa Crítica desde su creación en octubre de 2009, donde imprime folletos y da recomendaciones a los novatos.

María Marta, la bailarina sin escenario

Publicado: septiembre 5, 2012 en Uncategorized

María Marta Funes es parte del paisaje urbano del barrio de Balvanera. En la plaza Primero de Mayo, practica a diario sus pasos de baile para los conductores y peatones que pasan por allí.

Son las 10 de la mañana y María Marta Funes, de 64 años, se acerca a la esquina de Adolfo Alsina y Pasco, como hace todos los días con religiosa puntualidad. Lleva un pasamontañas negro con pompones rosas y unos enormes anteojos. Bajo su sobretodo negro que le llega casi a los pies sobresalen unas polainas lilas y unas botas con abrigo. Deja el carrito que lleva todas sus pertenencias junto a la reja de la plaza Primero de Mayo, que ella misma ha decorado a su antojo, y con ella se pone a practicar unas elongaciones excepcionales para una mujer de su edad.

María Marta con su “casa portátil” (Carolina Vivo)

María Marta, nacida en La Boca de los años 40, duerme en la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo, a unas cuadras de la plaza, donde le dejan quedarse del otro lado de las rejas. “Trabajo con las Abuelas, pero no puedo contar en qué porque es secreto”, confiesa. De 10 a 16 horas, se la puede ver siempre en la esquina de Adolfo Alsina al 2200, bailando sin música, al ritmo de los semáforos y las bocinas. Cuando los conductores se detienen por la luz roja, ella camina temerosa entre los autos con un vasito, mientras pide una contribución “a la gorra” por sus destrezas. Si algún fan le paga un importe mayor a cinco pesos, ella intenta devolvérselo aludiendo que es demasiado.

La “escenografía” del espectáculo (C.V.)

De su arrugada boca con enormes dientes postizos salen muchas palabras, casi todas en un lenguaje semiculto. Es muy observadora y reflexiva y le gusta opinar sobre los temas más heterogéneos. Suele construir relatos fantásticos sobre personas del pasado y sobre su propia vida, que son perfectamente coherentes pero poco creíbles. Sin embargo, María Marta es muy reservada y no le gusta hablar de los temas sensibles de su vida. Admitió que trabajó en la televisión y en el teatro hace mucho tiempo y que las “vueltas de la vida” la dejaron en la calle. Tuvo varios maestros de baile, pero según ella, aún le queda “mucho por aprender”. Añadió que trabajó como trapecista en el circo de su tío durante varios años, hasta que cerró.

Gonzalo, el veterinario de enfrente, es quien tiene más relación con María Marta de todo el barrio. “Siempre viene a saludar y me pide agua para el café. Es muy educada y le encanta hablar con la gente. Aunque vive en la calle, está afiliada al PAMI y cobra una pensión. Creo que tiene familia en Francia o por ahí”, cuenta Gonzalo, con un dejo de tristeza.

María Marta tiene un hijo, pero no le gusta hablar de él. Con una voz apenas audible, explicó que es abogado y su única familia en Buenos Aires pero que se ha portado muy mal con ella y que ya no se hablan. Enseguida, pareció olvidarse de lo que había dicho, porque volvió a sonreír. “Las palomas son mis hijas. Les doy de comer todos los días”, anunció alegremente.

A María Marta le fascina cantar. Su tema favorito es “Las olas y el viento”, que canta entero una y otra vez en su escenario improvisado, aun cuando no tiene espectadores. Tiene una voz corriente pero bien entonada que se atreve a algunos agudos en falsete. También suele recitar canciones de Piero. Dice que le hace acordar a “viejas y buenas épocas”.

“Nunca falta, ni aunque llueva. Esto es así desde hace 10 años”, cuenta Diego, quien trabaja en el café de la esquina. “Todos los del barrio la conocen porque le faltan unos cuantos jugadores”, agrega. Diego dice que María Marta a veces desayuna en su café, que le paga con monedas en muchas cuotas hasta cubrir el total y que no acepta descuentos.

Con saltitos y muchos movimientos de brazos, María Marta anuncia una función especial para el día de la primavera. “Le estoy muy agradecida a la gente por la ayuda, así que quiero organizar un evento donde voy a bailar y cantar y repartirle torta y licores a los conductores”, expresó María Marta entusiasmada. “Quiero traer a Valeria Lynch. Con esa voz se van a quedar todos pasmados”, agregó.

Cómo la vi

María Marta parece vivir en un mundo aparte con reglas propias. Cumple con su rutina a rajatabla, como si alguien se lo impusiera. Se nota su amor por la danza y el canto, que son su principal motivación. Es una mujer amable, soñadora. Me sorprendió lo cuerda que es al hablar, las palabras que usa y lo lógico de sus oraciones, en contraposición al estilo de vida que lleva. Sospecho que le pasó algo muy duro en su vida que la llevó a ese estado de cierta locura, porque es una mujer inteligente, muy cordial y educada. Parece vivir feliz y cómoda en la situación de calle en la que está, de la que quizás no es consciente o no quiere serlo.

Competencia de saltos en Bariloche

El Cerro Catedral vivió una fiesta de acrobacias

Convocados por invitación, 12 esquiadores y 12 snowboarders demostraron sus habilidades en la competencia que presentó Arnet en el Terrain Park del Cerro Catedral. El viernes 10, los deportistas saltaron en la modalidad Big Air.

Largada del Big Air (Carolina Vivo)

El sol de la mañana del viernes no logró aumentar los 20 grados bajo cero de sensación térmica, a pesar de que no hubo viento. Hacia las 11, los participantes esperaban con sus pecheras numeradas para largar hacia la rampa con final impredecible. La caída se adivinaba unos 17 metros más adelante, en una bajada muy pronunciada.

El evento, planeado para los días 9 y 10,  se comprimió en uno solo por las fuertes ráfagas del jueves. Christian Annand, organizador, y Tincho Palomeque, manager del parque, fueron los conductores que comentaron las cuatro horas de la competencia. Los saltadores, con música enérgica de fondo, realizaron uno tras otro distintas acrobacias en el aire. “El nivel es buenísimo, hay riders de Chile, Francia y EEUU”, comentó Esteban Erdocia, un participante en esquí.

En las primeras dos rondas de clasificación, cuatro jueces puntuaron 48 saltos, dos por competidor, donde el truco más simple fue un 720 (dos giros). Hubo quienes se animaron a dos giros y medio y hasta a rotaciones en otros ejes, no siempre con finales felices. “Nosotros evaluamos la amplitud de cada salto, la dificultad y estilo en los trucos y el aterrizaje.  Se cuenta la mejor ronda”, explicó Andrés Labbozzetta, juez para esquí.

Hacia las 12.30, los vuelos terminaron y los jueces se reunieron a comparar resultados mientras los participantes, el staff y los acreditados comieron y bebieron algo bajo la carpa de Arnet. La espera del veredicto duró media hora: solo la mitad de los atletas pasó a la final. Casi cien espectadores fueron acercándose a la red que delimitaba el lugar del evento. Aunque  la mayoría eran trabajadores del cerro, también algunos turistas curiosos se asombraron con el revoleo de esquíes y tablas.

Espectadores antes de la final (Carolina Vivo)

Grzetic ejecuta el primer salto de la final (Carolina Vivo)

En las dos rondas de la final se vieron piruetas aún más atrevidas. El premio de $12.000 fue repartido entre los 12 finalistas.  “El salto estaba muy bueno. Al final quise hacer un poco más pero no me salió”, acotó Luciano Fertonani, quien resultó quinto. Matías Muñoz (Chile), Mike Grzetic (Bariloche) e Ivo Maniero (Caviahue) se subieron al podio de esquí y Chris Coulter (EEUU), Matías Schmitt (Bariloche) y Andrew Burns (EEUU) al de snowboard. “Más que competir, vengo a disfrutar con amigos”, comentó Grzetic. Hacia las 14, los ganadores se tomaron fotos y dieron entrevistas mientras sonaba la música del dj Ale Lacroix, adornada con percusión en vivo.

Palomeque se mostró muy conforme con los resultados del acontecimiento. “La organización deportiva se combinó muy bien con la ambientación. Este tipo de eventos está abierto a un gran público que se interesa por las maniobras impresionantes de estos profesionales”, precisó el organizador.

Videos:

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Un estudio de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) reveló que para mantener un hogar limpio y libre de bacterias es necesario mantener una buena conducta de aseo, más allá de los productos de limpieza y desinfección utilizados. Es necesaria una concientización acerca de la frecuencia y los métodos para evitar enfermedades provocadas por una mala higiene.

La calidad de los productos de limpieza es vital para una higiene adecuada (nuevotiempo.org)

Antes que cualquier desinfección, es necesario hacer una buena limpieza. Los agentes básicos para limpiar son el jabón y el detergente y, aunque su actividad antimicrobiana es mínima, su mecanismo de acción primaria elimina algunos gérmenes (los microrganismos transitorios son emulsionados y barridos con el agua) y la suciedad en general. En un segundo paso, la desinfección colabora con la erradicación completa de las bacterias. Para esto, se utilizan productos bactericidas, como la lavandina.

Los resultados del estudio del FUNCEI, que fueron publicados en un artículo de la revista Scielo, demuestran que el uso de productos con amoníaco y con cloro, como por ejemplo, la lavandina, son muy eficaces para la eliminación de bacterias. Sin embargo, esta efectividad es sólo a corto plazo. Las bacterias vuelven a reproducirse pocas horas después de la aplicación del producto. Según esta afirmación, habría que desinfectar varias veces por día para erradicar las bacterias por completo. Pero realmente, ¿cuánto hace falta limpiar?

Lavarse las manos con frecuencia evita la mayoría de las enfermedades (blogalimentos.com)

Si bien los microbios vuelven a reproducirse, no es necesario desinfectar el hogar cuatro veces por día, ya que no está en riesgo la salud humana si las bacterias se encuentran en bajas concentraciones. Hay que estar atento a los núcleos de contaminación, como el baño y la cocina, y mantener el control sobre los alimentos frescos. No es imprescindible gastar más en un producto específico, ya que la mayoría de los que están en el mercado hoy tienen los componentes básicos que son necesarios para desinfectar, como la lavandina (hipoclorito de sodio), cloros (triclosán) o amoníaco, cuya efectividad depende del uso según las indicaciones del envase.

 
Aunque se suele enfatizar en la limpieza del baño, es en la cocina en especial donde restos de alimentos favorecen la reproducción de bacterias. Es necesario no sólo limpiar, sino también desinfectar mesadas, desagües, tablas de cortar, trapos y esponjas. Estos dos últimos elementos son los que albergan mayor cantidad de bacterias y las diseminan en otras superficies, por lo que deben desinfectarse muy frecuentemente. El técnico en alimentos, Julian Stambullian, otro de los autores del estudio, recomienda el uso de la lavandina, por ser un producto “accesible, económico y efectivo”, siempre y cuando se use de manera correcta y con una frecuencia sostenida en el tiempo. Stambullian agrega que la educación en el uso de los productos desempeña un papel clave en la desinfección del hogar.

Escherchia coli, una de las bacterias más comunes en los hogares con poca higiene (Fuente: Medline Plus)

Determinados tipos de bacterias encontradas en el hogar, llamadas coliformes fecales (la más común es la Escherichia coli), pueden producir enfermedades graves, como una gastroenteritis aguda. Otros tipos de bacterias que crecen aunque en menos medida son Salmonella y Pseudomonas. Una conducta correcta de limpieza permite controlar este tipo de gérmenes y así disminuir el riesgo de infección. Según el licenciado y co-autor del artículo Pablo Luchetti, las principales vías de contagio son la aerógena (transmisión de bacterias por el aire, por ejemplo, con la tos) y la fecal-oral (ingestión de alimentos con contenido de bacterias coliformes).

La Salmonella es una bacteria presente en los alimentos que causa enfermedades como gastroenteritis (alimentosyseguridad.com)

“Para que se produzca una infección deben darse dos factores: un número considerado de determinado tipo de bacterias por un lado y un huésped susceptible por el otro”, explica Luchetti. Las características que restan inmunidad son la edad (personas de edad avanzada o niños) y el padecimiento de enfermedades, crónicas o no, como el HIV, obesidad o cardiopatías. La persona que posea estos factores tiene menos defensas en el cuerpo y es más propensa a contraer las enfermedades que producen estas bacterias.

La doctora Cecilia Torroija, del FUNCEI, advierte que, para evitar el contagio, es necesario lavarse las manos luego de cambiar los pañales, de ir al baño, de tocar basura o una mascota, y antes y después de manipular alimentos. Sumado a esto, es imprescindible reforzar las prácticas de seguridad alimentaria (cocinar y almacenar correctamente los alimentos) y hacer una limpieza y desinfección adecuadas. Según los resultados del estudio de FUNCEI, para mantener un control de microorganismos a largo plazo, cuentan tanto la calidad de los productos como la educación sanitaria de los miembros del hogar.