Archivos para abril, 2012

CLASES DE SALSA EN PALERMO

Alegría, distensión y aprendizaje al ritmo de los timbales

Los martes a las 20.30, el espacio tanguero La Viruta transforma los llantos del bandoneón en una explosión de sonidos de percusión, trompetas y timbales. Aquí, cuatro profesores ofrecen clases de salsa para personas de todas las edades y niveles, quienes pueden quedarse practicando libremente luego de la clase hasta la madrugada.

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Entrada en calor masiva a cargo de los profesores

Sin ser anunciado por cartel alguno, en el subsuelo de un edificio de Armenia al 1300 se esconde un salón de baldosas relucientes, potentes equipos de sonido y al menos dos docenas de luces de colores. Se llama La Viruta y en los horarios vespertinos, cuando se imparten las clases, este recinto se llena de vida, de música y de alegría.

“La gente viene acá a aprender a bailar, pero principalmente a divertirse y a olvidarse de sus problemas”, comenta Jorge, un cubano que vive hace 14 años en la Argentina. Como un director de orquesta, Jorge es quien está al mando de los cuatro profesores que enseñan en simultáneo. Él selecciona y ordena en su computadora las canciones que guiarán el movimiento de todos.

Jorge habla con la seguridad que le dio su trayectoria: “Salsa es un nombre comercial que se inventó para poder vender la música cubana en la época dela Revolución. La salsa se impuso en todo el mundo”. Agrega que lo rico de este estilo musical reposa en la percusión, que produce sonidos que evocan lo tribal y obligan al cuerpo a moverse al compás de los golpes.

Como toda buena novela, estas clases tienen un inicio, un desarrollo y un final. Pasadas las ocho y media comenzaron a ocupar el centro de la sala las primeras parejas con un tímido swing que encajaba con el reducido volumen de la música. A medida que iba llegando más gente, el volumen se alzaba como invitando a todos los espectadores dubitativos a sumarse.

Los cuatro profesores se agruparon y siguiendo un tema de Los Van Van explayaron una coreografía de pasos simples pero pegadizos como entrada en calor. Los alumnos más habilidosos permanecían justo detrás de los profesionales mientras que en los límites del grupo se distinguían algunos pasos no tan sincronizados.

Al terminar este primer baile, Pepe, Mariano, David y Yasser se llevaron cada uno a su respectivo grupo a una porción del salón para empezar la enseñanza. De izquierda a derecha, la dificultad iba aumentando y la cantidad de bailarines por grupo se iba reduciendo. Las revoluciones y el volumen de la música bajaron un poco.

A las 21:00 alrededor de 120 hombres y mujeres intentaban escuchar las indicaciones por sobre los compases musicales. Muchas de ellas con taco aguja y vestido, la mayoría de ellos de jean y zapatillas. En el otro extremo del salón, un par de espectadores miraba a sus compañeros y tomaba un descanso con la compañía de una cerveza en la barra del lugar. “Dancing is not for me, I thought it was easier. I’m good at drinking though.“, se excusó Joe, un mochilero inglés.

“Un, dos, tres… Cinco, seis, siete…”, gritaba Pepe a los principiantes mientras marcaba los pasos de una figura. “¡Dejá quietos los brazos!”, reprendía David a un joven del nivel intermedio. En el grupo de los avanzados, el cubano Yasser iba cantando los nombres de las vueltas a las parejas. “¡Aaaazuca…!”. Hacían una coreografía espontánea donde se notaba la complicidad de los habitué que saben bailar un poco más.

Pasadas las diez, la marea de bailarines se agrupó nuevamente para cerrar el ciclo de la clase. 150 pares de pies se movían hacia adelante y atrás, hacia la izquierda y derecha, hipnotizados por las palmas de los maestros.

“La salsa es más que un baile, es un estilo de vida. Acá las personas vienen solas, conocen gente y se quedan bailando después de clase.”, explicó Jorge. Alberto, un chileno que ya bailó mucho en La Viruta, opina por sobre una canción de Celia Cruz: “¡Bailar para mí es libertad!”.

– Video: http://youtu.be/eXux5zWs-fE

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