María Marta, la bailarina sin escenario

Publicado: septiembre 5, 2012 en Uncategorized

María Marta Funes es parte del paisaje urbano del barrio de Balvanera. En la plaza Primero de Mayo, practica a diario sus pasos de baile para los conductores y peatones que pasan por allí.

Son las 10 de la mañana y María Marta Funes, de 64 años, se acerca a la esquina de Adolfo Alsina y Pasco, como hace todos los días con religiosa puntualidad. Lleva un pasamontañas negro con pompones rosas y unos enormes anteojos. Bajo su sobretodo negro que le llega casi a los pies sobresalen unas polainas lilas y unas botas con abrigo. Deja el carrito que lleva todas sus pertenencias junto a la reja de la plaza Primero de Mayo, que ella misma ha decorado a su antojo, y con ella se pone a practicar unas elongaciones excepcionales para una mujer de su edad.

María Marta con su “casa portátil” (Carolina Vivo)

María Marta, nacida en La Boca de los años 40, duerme en la sede de las Abuelas de Plaza de Mayo, a unas cuadras de la plaza, donde le dejan quedarse del otro lado de las rejas. “Trabajo con las Abuelas, pero no puedo contar en qué porque es secreto”, confiesa. De 10 a 16 horas, se la puede ver siempre en la esquina de Adolfo Alsina al 2200, bailando sin música, al ritmo de los semáforos y las bocinas. Cuando los conductores se detienen por la luz roja, ella camina temerosa entre los autos con un vasito, mientras pide una contribución “a la gorra” por sus destrezas. Si algún fan le paga un importe mayor a cinco pesos, ella intenta devolvérselo aludiendo que es demasiado.

La “escenografía” del espectáculo (C.V.)

De su arrugada boca con enormes dientes postizos salen muchas palabras, casi todas en un lenguaje semiculto. Es muy observadora y reflexiva y le gusta opinar sobre los temas más heterogéneos. Suele construir relatos fantásticos sobre personas del pasado y sobre su propia vida, que son perfectamente coherentes pero poco creíbles. Sin embargo, María Marta es muy reservada y no le gusta hablar de los temas sensibles de su vida. Admitió que trabajó en la televisión y en el teatro hace mucho tiempo y que las “vueltas de la vida” la dejaron en la calle. Tuvo varios maestros de baile, pero según ella, aún le queda “mucho por aprender”. Añadió que trabajó como trapecista en el circo de su tío durante varios años, hasta que cerró.

Gonzalo, el veterinario de enfrente, es quien tiene más relación con María Marta de todo el barrio. “Siempre viene a saludar y me pide agua para el café. Es muy educada y le encanta hablar con la gente. Aunque vive en la calle, está afiliada al PAMI y cobra una pensión. Creo que tiene familia en Francia o por ahí”, cuenta Gonzalo, con un dejo de tristeza.

María Marta tiene un hijo, pero no le gusta hablar de él. Con una voz apenas audible, explicó que es abogado y su única familia en Buenos Aires pero que se ha portado muy mal con ella y que ya no se hablan. Enseguida, pareció olvidarse de lo que había dicho, porque volvió a sonreír. “Las palomas son mis hijas. Les doy de comer todos los días”, anunció alegremente.

A María Marta le fascina cantar. Su tema favorito es “Las olas y el viento”, que canta entero una y otra vez en su escenario improvisado, aun cuando no tiene espectadores. Tiene una voz corriente pero bien entonada que se atreve a algunos agudos en falsete. También suele recitar canciones de Piero. Dice que le hace acordar a “viejas y buenas épocas”.

“Nunca falta, ni aunque llueva. Esto es así desde hace 10 años”, cuenta Diego, quien trabaja en el café de la esquina. “Todos los del barrio la conocen porque le faltan unos cuantos jugadores”, agrega. Diego dice que María Marta a veces desayuna en su café, que le paga con monedas en muchas cuotas hasta cubrir el total y que no acepta descuentos.

Con saltitos y muchos movimientos de brazos, María Marta anuncia una función especial para el día de la primavera. “Le estoy muy agradecida a la gente por la ayuda, así que quiero organizar un evento donde voy a bailar y cantar y repartirle torta y licores a los conductores”, expresó María Marta entusiasmada. “Quiero traer a Valeria Lynch. Con esa voz se van a quedar todos pasmados”, agregó.

Cómo la vi

María Marta parece vivir en un mundo aparte con reglas propias. Cumple con su rutina a rajatabla, como si alguien se lo impusiera. Se nota su amor por la danza y el canto, que son su principal motivación. Es una mujer amable, soñadora. Me sorprendió lo cuerda que es al hablar, las palabras que usa y lo lógico de sus oraciones, en contraposición al estilo de vida que lleva. Sospecho que le pasó algo muy duro en su vida que la llevó a ese estado de cierta locura, porque es una mujer inteligente, muy cordial y educada. Parece vivir feliz y cómoda en la situación de calle en la que está, de la que quizás no es consciente o no quiere serlo.

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