Posts etiquetados ‘currículum vitae’

Llega en la vida de toda persona uno de los momentos más cruciales: cuando dejamos de ser estudiantes y comenzamos a buscar trabajo. Después de haber dedicado alrededor de veinte años de nuestras cortas vidas a absorber todo tipo de conocimientos, es hora de lanzarse al inabarcable mar de lo laboral. Actualmente, los trabajos están a la vez más cerca y más lejos. Cada mes surge un nuevo empleo con un rótulo extravagante pero la oferta de trabajo con candidatos capacitados también se multiplica. Los procedimientos de empleo tradicionales podrían quedar desactualizados frente al enorme poder que están cobrando las redes sociales en todos los ámbitos de esta nueva realidad.

Recuerdo que desde la secundaria hasta la universidad los profesores se empeñaron en transmitirnos todo un abanico de contenidos diversos, pero que se nos presentó como un rompecabezas cuyas fichas no encajaban perfectamente unas con otras. Sumado a los miedos, confusiones e incertidumbres de la vida adolescente, esta mezcla heterogénea no colaboró demasiado en disipar las neblinas de nuestras mentes bipolares. Poco a poco, también nos fueron advirtiendo acerca del mundo laboral, uno distinto que nos aguardaba con nuevas reglas de juego. Se esforzaron a lo largo de los años por mostrarnos cómo es la cancha donde nos tocaría desempeñarnos. Nos dieron una raqueta y una pelota y nos explicaron los reglamentos básicos, estrictos, que habían aprendido de sus propias experiencias. Ahora se suponía que estábamos listos para jugar.

En unos minutos tenía que tragarme los nervios, mostrar lo mejor de mí (y lo que creía que ellos valoraban más) y disfrazar las falencias más vergonzosas de mi ser. Fuente: Free Stock Photos

En unos minutos tenía que tragarme los nervios, mostrar lo mejor de mí (y lo que creía que ellos valoraban más) y disfrazar las falencias más vergonzosas de mi ser.
Fuente: Free Stock Photos

La semana pasada tuve la suerte de que me llamaran de uno de los tantos lugares a los que había mandado indiscriminadamente mi currículum vitae. No me acordaba de haberlo enviado a la empresa multinacional que me citó, pero me alegré por el hecho de que me fueran a entrevistar para una pasantía en el área de comunicación. Era hora de salir a la cancha, sin haber jugado ningún partido, a intentar convencer de que era la indicada para practicar ese deporte, incluso frente a otros que ya estaban en el mercado. Antes de ir, me aseguré, como me recomendaron en la facultad, de googlear a la organización y de empaparme de ella lo más que podía. Hecha un manojo de inseguridades y miedos, me presenté en la planta central en el partido de San Martín con un prolijo currículum impreso (otra de las recomendaciones) y un pantalón y camisa sobrios. Esperaba enfrentarme a una de las situaciones más vertiginosas de la vida: en unos minutos tenía que tragarme los nervios, mostrar lo mejor de mí (y lo que creía que ellos valoraban más) y disfrazar las falencias más vergonzosas de mi ser. Sería un momento en el que haría equilibro en una cuerda floja: por un lado tratando de ser yo y por otro tratando de ser alguien un poco mejor. Todo esto bajo el escrutinio feroz del entrevistador.

No había podido mostrar ni la más mínima parte de mí, como tampoco el resto de los candidatos. Fuente: entrevistaperfecta.com

No había podido mostrar ni la más mínima parte de mí, pero tampoco el resto de los candidatos.
Fuente: entrevistaperfecta.com

Llegando al lobby principal, vi a otros que también esperaban. Temí lo peor: entrevista grupal. Y así fue. La primera instancia era la picadora de carne: había que competir con otros (que parecían de por sí mejor vestidos y más inteligentes) cara a cara, mano a mano. Nos vinieron a buscar al rato y nos llevaron a un salón decorado con los colores de la marca. Nos sentaron en una enorme mesa redonda. Éramos unos diez y se presentaron ante nosotros el jefe de recursos humanos y los dos encargados del área de comunicación. Después de esto, nos dieron unas láminas en blanco para que hiciéramos una presentación personal sobre nuestro pasado, presente y futuro. No fue complicado, pero sí la primera disyuntiva sobre qué incluir, qué dejar afuera y cuánto agregar de imaginación (o invención). Luego de las intermitentes interrupciones del jurado para hacer preguntas incómodas, el ejercicio de precalentamiento dio paso a la prueba determinante: los casos para analizar. En aquella ronda tuvimos que discutir entre todos acerca de dos problemas reales de la empresa durante media hora frente a los ojos de los examinadores. Eran casos bastante alejados de los estudiados en la universidad, por lo que recurrí al simple sentido común en el afán de meter  bocadillos interesantes cuando pudiera. Cuanto más tiempo permanecía callada, más sentía que me hundía en ese naufragio de candidatos. Luego de unos cuantos manotazos de ahogado por parte de todos, el análisis concluyó y los jueces no parecían muy contentos con los resultados. La entrevista había terminado y huí rápidamente, pero con un sabor amargo. Sentí que tenía mucho para dar y en ese ámbito no había podido mostrar ni la más mínima parte de mí. Tampoco pude conocer mucho acerca de los otros postulantes y creo que ninguno sobresalió con aportes brillantes en esa reunión.

Como era de esperarse, me llamaron a la semana siguiente para avisarme que no había pasado a la segunda ronda. Me tragué la indignación y no respondí. No había podido probar que era lo suficientemente buena para jugar ese deporte, pero no me habían siquiera dejado intentarlo con las técnicas que había aprendido. El abismo entre la universidad y el mundo laboral había sido demasiado grande para mí y no había logrado cruzar. Tendré que buscar otros métodos (u otros puentes) para llegar al otro lado, como cantar mi currículum en el subte o imitar alguna idea insólita pero efectiva, como Alec Brownstein, que buscó trabajo mediante la herramienta de Google Adwords. Creo que también sería interesante que los empleadores comenzaran a apelar a estrategias más adecuadas que les permitan conocer mejor a sus candidatos y detectar esas competencias específicas que están buscando, como el método (exagerado) que utilizó Heineken.

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