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Un estudio de la Fundación Centro de Estudios Infectológicos (FUNCEI) reveló que para mantener un hogar limpio y libre de bacterias es necesario mantener una buena conducta de aseo, más allá de los productos de limpieza y desinfección utilizados. Es necesaria una concientización acerca de la frecuencia y los métodos para evitar enfermedades provocadas por una mala higiene.

La calidad de los productos de limpieza es vital para una higiene adecuada (nuevotiempo.org)

Antes que cualquier desinfección, es necesario hacer una buena limpieza. Los agentes básicos para limpiar son el jabón y el detergente y, aunque su actividad antimicrobiana es mínima, su mecanismo de acción primaria elimina algunos gérmenes (los microrganismos transitorios son emulsionados y barridos con el agua) y la suciedad en general. En un segundo paso, la desinfección colabora con la erradicación completa de las bacterias. Para esto, se utilizan productos bactericidas, como la lavandina.

Los resultados del estudio del FUNCEI, que fueron publicados en un artículo de la revista Scielo, demuestran que el uso de productos con amoníaco y con cloro, como por ejemplo, la lavandina, son muy eficaces para la eliminación de bacterias. Sin embargo, esta efectividad es sólo a corto plazo. Las bacterias vuelven a reproducirse pocas horas después de la aplicación del producto. Según esta afirmación, habría que desinfectar varias veces por día para erradicar las bacterias por completo. Pero realmente, ¿cuánto hace falta limpiar?

Lavarse las manos con frecuencia evita la mayoría de las enfermedades (blogalimentos.com)

Si bien los microbios vuelven a reproducirse, no es necesario desinfectar el hogar cuatro veces por día, ya que no está en riesgo la salud humana si las bacterias se encuentran en bajas concentraciones. Hay que estar atento a los núcleos de contaminación, como el baño y la cocina, y mantener el control sobre los alimentos frescos. No es imprescindible gastar más en un producto específico, ya que la mayoría de los que están en el mercado hoy tienen los componentes básicos que son necesarios para desinfectar, como la lavandina (hipoclorito de sodio), cloros (triclosán) o amoníaco, cuya efectividad depende del uso según las indicaciones del envase.

 
Aunque se suele enfatizar en la limpieza del baño, es en la cocina en especial donde restos de alimentos favorecen la reproducción de bacterias. Es necesario no sólo limpiar, sino también desinfectar mesadas, desagües, tablas de cortar, trapos y esponjas. Estos dos últimos elementos son los que albergan mayor cantidad de bacterias y las diseminan en otras superficies, por lo que deben desinfectarse muy frecuentemente. El técnico en alimentos, Julian Stambullian, otro de los autores del estudio, recomienda el uso de la lavandina, por ser un producto “accesible, económico y efectivo”, siempre y cuando se use de manera correcta y con una frecuencia sostenida en el tiempo. Stambullian agrega que la educación en el uso de los productos desempeña un papel clave en la desinfección del hogar.

Escherchia coli, una de las bacterias más comunes en los hogares con poca higiene (Fuente: Medline Plus)

Determinados tipos de bacterias encontradas en el hogar, llamadas coliformes fecales (la más común es la Escherichia coli), pueden producir enfermedades graves, como una gastroenteritis aguda. Otros tipos de bacterias que crecen aunque en menos medida son Salmonella y Pseudomonas. Una conducta correcta de limpieza permite controlar este tipo de gérmenes y así disminuir el riesgo de infección. Según el licenciado y co-autor del artículo Pablo Luchetti, las principales vías de contagio son la aerógena (transmisión de bacterias por el aire, por ejemplo, con la tos) y la fecal-oral (ingestión de alimentos con contenido de bacterias coliformes).

La Salmonella es una bacteria presente en los alimentos que causa enfermedades como gastroenteritis (alimentosyseguridad.com)

“Para que se produzca una infección deben darse dos factores: un número considerado de determinado tipo de bacterias por un lado y un huésped susceptible por el otro”, explica Luchetti. Las características que restan inmunidad son la edad (personas de edad avanzada o niños) y el padecimiento de enfermedades, crónicas o no, como el HIV, obesidad o cardiopatías. La persona que posea estos factores tiene menos defensas en el cuerpo y es más propensa a contraer las enfermedades que producen estas bacterias.

La doctora Cecilia Torroija, del FUNCEI, advierte que, para evitar el contagio, es necesario lavarse las manos luego de cambiar los pañales, de ir al baño, de tocar basura o una mascota, y antes y después de manipular alimentos. Sumado a esto, es imprescindible reforzar las prácticas de seguridad alimentaria (cocinar y almacenar correctamente los alimentos) y hacer una limpieza y desinfección adecuadas. Según los resultados del estudio de FUNCEI, para mantener un control de microorganismos a largo plazo, cuentan tanto la calidad de los productos como la educación sanitaria de los miembros del hogar.